Apologética en la Liturgia de la Palabra
Miércoles, XXVI Semana del Tiempo Ordinario. Ciclo C
Lecturas del día: Jb 9, 1–12. 14–16; Sal 87; Lc 9, 57–62
Comentario:
El diablo no soporta la pureza y santidad de la Virgen María.
El inicio de la primera lectura de hoy (Jb 9, 12. 14-16) nos trae una oportuna ocasión para aclarar y corregir una errada interpretación que varios grupos protestantes hacen de algunos pasajes bíblicos de los que se apoyan para oponerse a la doctrina católica que enseña que la Virgen María es inmaculada y no cometió pecado alguno.
María fue redimida
El pecado afectó a todo el Género Humano, por lo que la Redención es Universal, María perteneciendo al Género Humano, tenía la necesidad de ser rescatada del pecado. Sólo que en ella fue diferente, no fue por medio de una redención liberadora de pecado original, sino por medio de una redención Preservante, en miras de Quien iba a gestarse en sus entrañas.
Job dice a sus amigos: “Sé muy bien que es así: que el hombre no es justo ante Dios” (Jb 9, 1). Este pasaje lo usan con frecuencia personas no católicas para atacar la doctrina de los santos y de la pureza de la virgen María, diciendo que ella era una mujer pecadora. De hecho, recuerdo una confrontación que tuve en Facebook con varios protestantes que insistían ciegamente en querer imponerme que María era una mujer inmunda; y se apoyaban de Lv 12, 1-8, donde dice que cuando una mujer judía tenía hijos, (daba a luz) para Dios era inmunda, y tenía que purificarse de su impureza (pecado); y, también, de otros pasajes como el de Rm 3, 9-11: “«No hay ni un solo justo, ni siquiera uno. Nadie es realmente sabio, nadie busca a Dios”.
Hay que decir que, en ese pasaje de Job, la palabra de Dios no está negando que pueda haber hombres y mujeres que puedan llegar a ser justos ante Dios. Lo dice sólo en cuanto la innata condición humana de estar afectada por el pecado de nuestros primeros padres y de nuestra fragilidad e imperfección humana. Sería una infamia, negación o enfrentamiento al poder de Dios, afirmar que Él no pueda con su gracia, lograr que haya hombres o mujeres que alcancen y vivan la santidad. Vale tener presente los numerosos lugares en la Biblia donde abunda la existencia de siervos a los que Dios declara justos:
“La oración del justo tiene mucho poder” (St 5, 16).
“Su marido José, como era hombre justo, no quería ponerla en evidencia…” (Mt 1, 19), y reconocemos que su esposa María es limpia de pecado porque el Espíritu Santo, por boca del ángel, la declaró “llena de gracia” y ”bendita entre todas las mujeres” (Lc 1, 28. 42).
“Herodes temía a Juan, sabiendo que era varón justo y santo” (Mc 6, 20).
A pesar de ser hombres pecadores, Dios reconoce la santidad que sus hijos van alcanzando:
- “Por tanto, hermanos santos, participantes del llamamiento celestial, considerad al apóstol y sumo sacerdote de nuestra profesión, Cristo Jesús” (Hb 3, 1);
- “Todos los santos os saludan, y especialmente los de la casa de César” (Flp 4, 22);
- “Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, a los santos y fieles en Cristo Jesús que están en Efeso” (Ef 1, 1).
Y es que todos estamos llamados por Dios a la Santidad: “Sed santos, porque yo soy santo” (1Pe 1, 16).
Para compartir:
1.- ¿Cuáles de los fundamentos doctrinales te parecieron más contundentes para rebatir la doctrina protestante de señalar a María como inmunda y pecadora?
2.- ¿Cuál era el significado que tenía en la cultura hebrea el parto de una mujer judía?
Elaborada por:
Pbro. Héctor Pernía, mfc
