
En el mundo material – que es caduco y engañoso – el que tiene más bienes es más fuerte que el que tiene menos; pero, en lo que perdura y permanece para siempre *(cf. 2Cor 2, 18)*, la verdadera y eterna riqueza la encuentran solamente los que eligen para sí la pobreza de la cual nos habla San Ambrosio en su comentario sobre esta bienaventuranza del Señor: «Dichosos los pobres… Dichosos los que lloráis» (Lc 6, 20).
«Bienaventurados los pobres». No todos los pobres son bienaventurados; porque la pobreza es una cosa neutra: puede haber pobres buenos y pobres malos… Bienaventurado el pobre que ha clamado al Señor y ha sido escuchado (cf. Si 33, 7): pobre de faltas, pobre de vicios, el pobre en quien el príncipe de este mundo nada ha encontrado (Jn 14, 30), pobre a imitación de ese Pobre, el cual, siendo rico se ha hecho pobre por nosotros (2Co 8,9). (1)
San Ambrosio nos reta a vivir contracorriente con la mundanidad: desprendernos de los bienes que más apetecen obtener aquellos que se entregan a las obras de la carne, para hacernos ricos buscando los bienes de arriba del cielo, de los que San Pablo hace mención en su tercer capítulo a los Colosenses.
Las apariencias engañan. La comodidad y el disfrute de placeres que proporciona el dinero introducen a la persona en una especie de burbuja de felicidad, de la cual tiene miedo a salir porque, apenas mira de soslayo fuera de tal burbuja, se espanta de miedo ante el peligro de que lo roben, o ante la insaciabilidad de la codicia a la que arrastra siempre la acumulación de bienestar terrenal.
La pobreza entendida como carencia de vicios, impurezas, engaños, idolatrías, robos y concupiscencias, a medida que más radical se vive, hace más abundante y rebosante el tesoro de bienes espirituales que la persona va sumando y disfrutando, aquí en la tierra y para toda la eternidad. Estos bienes son capaces de brindar mayor seguridad y protección ante las pruebas que todo el cúmulo de bienes terrenales que se puedan acaparar.
Para compartir:
1.- ¿Qué vicios o deseos materiales tenemos que soltar en nuestras vidas para vivir una verdadera pobreza espiritual?
2.- San Ambrosio menciona que no todos los pobres son bienaventurados, sino aquellos que claman al Señor y son escuchados. ¿Qué significa para nosotros “clamar al Señor” en tiempos de dificultad? ¿Cómo podemos ser un apoyo mutuo en el grupo para elevar nuestras preocupaciones y necesidades a Dios?
Elaborada por:
P. Héctor Pernía, mfc
Fuente:
(1) San Ambrosio, obispo y doctor de la Iglesia. Comentario al evangelio de Lucas, V, 53-55. «Dichosos los pobres… Dichosos los que lloráis». En: https://www.deiverbum.org/lc-06_20-26/