
Apologética en la Liturgia de la Palabra
Jueves, XX Semana del Tiempo Ordinario. Ciclo C
Lecturas del día: Ez 36, 23–28; Sal 50, 12–15. 18–19; Mt 22, 1–14
Comentario:
Bautismo cristiano vs bautismo protestante
A través del profeta Ezequiel *(cf. Ez 36, 23-28),* Dios hace la promesa de la restauración del hombre a su imagen y semejanza mediante el baño de la gracia a través del bautismo, para sustituir el antiguo rito del pacto y la alianza de Dios con el hombre y del hombre con Dios: la circuncisión (cf. Col 2, 11-12).
Con la circuncisión a los ocho días de nacido el niño, fue establecida en la antigüedad la ceremonia para realizar el pacto y la alianza de comunión entre Dios y el hombre (cf. Gn 17, 9-14). El mismo Dios, siendo niño, nos dejó su propio testimonio de vivir esta ceremonia a tan temprana edad (cf. Lc 2, 21); y no, como dicen muchas sectas, de solo para personas adultas.
¿Bautizarse solo por inmersión?
Dijo el profeta Ezequiel: “Y les rociaré con un agua pura que os ha de purificar de todas vuestras inmundicias e idolatrías; y os infundiré mi espíritu…” (Ez 36, 25-26).
Lo que acabas de leer corrige el error de quienes creen que el bautismo tiene que ser, a juro, sumergiendo en agua a las personas. El término “agua” es un signo visible para ayudar al hombre a comprender el misterio que acontece de modo invisible; porque Dios, que actúa, es espíritu. El agua es, por lo tanto, muy útil, más no, fundamental. Lo que sí es necesario, es el derrame de la Gracia de Dios sobre la criatura. Por eso, es igualmente válido, el bautismo recibiendo agua en la cabeza, o sumergiéndose en agua.
La fiesta de boda y las nupcias de Cristo con su esposa: la Iglesia Católica
La parábola que hoy nos narra el evangelio, ayuda a comprender la transición y separación entre la antigua y la nueva Alianza; entre las antiguas instituciones que gobernaban en la tierra al pueblo de Dios en el antiguo Israel, y la Iglesia de piedras vivas que Cristo fundó para la habitación de la Trinidad y la congregación de todo su Rebaño.
Sin el reconocimiento de este puente que une y separa la Historia de la Salvación, caeremos en el mismo abismo de equivocaciones y manipulaciones que hacen de la Biblia numerosas denominaciones que ponen las bases de su organización, no en Pedro, la Roca de Cristo (cf. Jn 1, 42; Mt 16, 17-19), sino en las llanuras y valles del Antiguo Testamento.
¿Quiénes eran aquellos siervos que estaban invitados a la boda, pero no quisieron ser parte de la fiesta nupcial? ¿Quiénes eran los contrayentes de la boda?
San Jerónimo responde:
“…los siervos enviados en primer lugar a que llamasen a los invitados a las bodas son los profetas, que invitaban al pueblo por medio de sus profecías, a la alegría por la unión de la Iglesia con Jesucristo. Y los que no quisieron venir habiendo sido invitados primero, son los que no quisieron oír las palabras de los profetas.” (1)
Y dijo Jesús: «Enviando sus tropas, dio muerte a aquellos homicidas y prendió fuego a su ciudad;» para aludir a los trapos u odres viejos que había que desechar, necesariamente, para poder vaciar y repartir el Vino nuevo de la Salvación (cf. Mt 9, 16-17). A desechar: las instituciones y la ley judía; y, a estrenar: la Iglesia y Sus mandatos.
Para compartir:
1.- ¿Qué importancia tiene para un cristiano los temas abordados en esta publicación?
2.- ¿Qué elementos apologéticos añadirías a los textos bíblicos de la Liturgia de hoy?
Elaborado por:
P. Héctor Pernía, mfc
Fuente:
(1) Documento en línea: ORÍGENES, ’Catena Aurea: comentarios de los Padres de la Iglesia por versículos’; Orígenes, homilia 20 in Matthaeum; 2a. deiverbum.org/mt-22_01-14/
