Apologética en la Liturgia de la Palabra
Sábado, XXII Semana del Tiempo Ordinario. Ciclo B.
Lecturas del día: Col 1, 21–23; Sal 53, 6a; Lc 6, 1–5.
Comentario:
Jesucristo chocaba con las autoridades religiosas de su época porque lo acusaban de violar una y otra vez el sábado; y existe hoy una organización – los adventistas – que perpetúa la conducta de los judíos de querer persuadir a los cristianos de abandonar la celebración de la Resurrección de Cristo, cada Domingo, como día del Señor para someterlos a cumplir ordenanzas muy semejantes a las de los judíos, en las que desvirtuan el sentido espiritual del descanso sabático para imponer leyes hechas por hombres con las que justifican a menudo la violación del mandato de la caridad.
Si los adventistas fueran cristianos, no aceptarían que al cumplimiento de la Ley del sábado le de más importancia que a la celebración de la Resurrección de Cristo.
En común tienen, que los fariseos y escribas vivían siempre al acecho, pendientes de Jesucristo para capturarle violando el sábado y encontrar de qué condenarlo. Hoy, los adventistas, hacen de su precepto sabatino una ley fundamental para vigilar y someter a los miembros de su organización.
Son muy hábiles desvirtuando textos de la Biblia para hacer creer que Jesucristo sí guardaba el sábado y desvían el sentido de textos sagrados donde Jesucristo transgrede las prescripciones de dicha ley por lo injustas y absurdas que eran. Acentúan con tal rigor la centralidad en la Ley antigua de los Diez Mandamientos, que dejan de lado a Cristo como punto de partida para edificar su fe. Les sucede lo que dice en 2Cor 3, 14-15: «Se embotaron sus inteligencias. En efecto, hasta el día de hoy perdura ese mismo velo en la lectura del Antiguo Testamento. El velo no se ha levantado, pues sólo en Cristo desaparece. Hasta el día de hoy, siempre que se lee a Moisés, un velo está puesto sobre sus corazones.» Miran a Cristo y al Nuevo Testamento desde el Antiguo y no a la inversa. Muy opuestos a los cristianos, ellos se sujetan a la Antigua Alianza y marginan la Nueva.
Los fariseos veían en Jesús un mero hombre y, por eso, no aceptaban que se presentara a sí mismo como Dios. Se creían ser ellos los representantes únicos de Dios en la tierra y que Cristo debía estar subordinado a ellos y ponerse por debajo de todas las ordenanzas de la ley del sábado. ¿Sucede, acaso, algo distinto con los adventistas? Ellos piensan que son los únicos voceros de Dios en la tierra y que todos deben vivir bajo las normas que imponen para someterse a la obligación de aquella ley. No saben o no quieren aceptar – por conveniencia, tal vez – que el hombre es ahora libre y superior al sábado. Que así como Cristo dijo: “El Hijo del Hombre es Señor y tiene autoridad sobre el sábado.” (Lc 6, 5), también así, lo dijo de toda persona: «El sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado” (Mc 2, 27).
Para compartir:
1) ¿Qué se espera de un cristiano si a Cristo, su Maestro, le condenaron a muerte por violar el sábado?
2) Si Jesucristo hoy fuese adventista, ¿cuánto tiempo duraría entre ellos si a menudo rompe el la ley del sábado?
Elaborado por:
Pbro. Héctor Pernía, mfc
