Los cristianos le decimos a Dios ‘Abba’-‘Padre’.
Jesucristo es el camino, la verdad (Jn 14, 6) y la manifestación definitiva ante el mundo de un rostro que antes, en la Antigua Alianza, era imposible de ver.
En palabras del Papa Emérito Benedicto XVI, en su Catequesis sobre Cristo, mediador del Padre (16-01-2013) señaló: “Jesús nos muestra el rostro de Dios y nos da a conocer el nombre de Dios. En la Oración Sacerdotal, en la Última Cena, Él dice al Padre: He manifestado tu nombre a los hombres… Les he dado a conocer tu nombre» (cf. Jn 17, 6. 26)”. (16-01-2013)
Quien ve a Cristo ve a Dios. Él tiene toda potestad y autoridad (cf. Mt 28,18) y enseñó a sus discípulos el nombre de Dios; lo llamó “ABBA”, que en arameo significa “PADRE”. Así lo reveló Cristo a sus apóstoles, y así lo predicaron ellos a sus posteriores sucesores (Mc 14, 35-36; Rm 8, 15; Gal 4, 6).
Debemos cuidarnos de fariseísmos. Estamos frente a un tema resbaladizo. Fácilmente podemos caer en aquello que Dios cuestiona: “me honran con sus labios, pero su corazón está lejos de mí” (Is 29,13); por un lado, presumir con un celo exaltado por el modo de usar el nombre de Dios, y, a la vez, estar divorciados de la sana doctrina y del mandamiento del amor. Cristo, con su propio testimonio, nos enseña que al Nombre de Dios se le ha de glorificar tanto con las palabras como con la vida toda (cf. Jn 12,28) y nos cuida y advierte de dualismos contradictorios (Rm 1, 18-21).
Para compartir en grupo:
1.- ¿Qué significa para ti poder llamar a Dios «Abba» y cómo afecta tu relación con Él en tu vida diaria?
2.- ¿Cómo podemos asegurarnos de que nuestra adoración a Dios sea auténtica y no se convierta en mera formalidad en nuestras palabras y acciones?
Elaborada por:
P. Héctor Pernía, mfc