
El Apóstol Pablo denuncia a falsos apóstoles que ya en aquel tiempo competían y se hacían pasar por iguales a él:
“Ahora vienen a predicarles a otro Jesús, no como se lo predicamos, y les proponen un espíritu diferente del que recibieron y un evangelio diferente del que abrazaron. ¡Y lo aceptan sin dificultad! Sin embargo, no creo ser inferior en nada a esos superapóstoles” (2Co 11, 4-5).
Y continúa diciendo:
“En realidad son falsos apóstoles, engañadores disfrazados de apóstoles de Cristo. Y no hay que maravillarse, pues si Satanás se disfraza de ángel de luz, no es mucho que sus servidores se disfracen también de servidores del bien (de la justicia). Pero su fin será el que se merecen sus obras” (2Co 11,13-15).
El Catecismo de la Iglesia Católica (n. 1554) es muy claro al recordar que el misterio de la Iglesia y su misión son inseparables de la comunión de los apóstoles y de su sucesión en el ministerio, y recuerda a todos los cristianos, citando una fuente antigua de comienzos del siglo II, de qué modo y con qué espíritu dejó Jesucristo organizado el gobierno y pastoreo de su rebaño luego que murieron los apóstoles:
Que todos reverencien a los diáconos como a Jesucristo, como también al obispo, que es imagen del Padre, y a los presbíteros como al senado de Dios y como a la asamblea de los apóstoles: sin ellos no se puede hablar de Iglesia (San Ignacio de Antioquía, Epístola ad Trailianos, 3, 1).
Aquí hay más pasajes bíblicos donde hace la misma advertencia (cf. Hch 20, 29-30; Rm 16, 17-18; 2Tim 4, 2-4).
Para compartir:
1.- ¿De qué manera quedó organizado el pastoreo y gobierno de la Iglesia de Cristo luego que murieron los Apóstoles?
2.- ¿Cuál es la Iglesia actual que ha mantenido de manera íntegra y fiel la misma organización ministerial de gobierno que tenía la Iglesia primitiva?
Elaborada por:
Padre Héctor Pernía, mfc