En Mt 16, 17-19 Dios cumple lo que anuncia y prefigura en Is 22, 20-22: a Eliakim: “Pondré la llave de la casa de David sobre sus hombros”; y a Pedro: “Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos”. Lo primero prefigura y profetiza lo segundo. A Pedro y sus sucesores les corresponde, en consecuencia, por mandato directo de Cristo, el servicio y la autoridad de tener las llaves de la Casa de Dios (la Iglesia), para administrar y proveer los verdes pastos de la salvación a todas las ovejas de su rebaño, y también para proveer de legítimos pastores y protegerlo ante salteadores y ladrones de ovejas (cf. Jn 10, 1-9; 21, 15-17).
De Eliakim dijo el Señor: “Cuando él abra, nadie podrá cerrar, y cuando cierre, nadie podrá abrir” (Is 22, 22); y a Pedro le confirió este poder: “Lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo” (Mt 16, 19). A ambos, pero más plenamente a Pedro, se les dio autoridad para gobernar y administrar los bienes de Dios en la tierra.
A Eliakim se le dijo: “Será él un padre para los habitantes de Jerusalén y para la casa de Judá.” Lo mismo se dijo de Abraham (cf. Gn 17, 5) y de Jacob (cf. Gn 46, 5) anticipando y anunciando que aquel a quien se darían las llaves del Reino de los Cielos sería también el padre de la nueva Jerusalén: la Iglesia.
Eliakim, hijo de Jilquías, pasó de ser un ministro real a ser nombrado públicamente el primer ministro del reino de David; así Pedro, uno de los Doce, fue instituido públicamente por el propio Jesucristo como el Primer Ministro de todo su Reino. Y esto no fue por un tiempo limitado, sino para siempre, en sus sucesores legítimos.
A Eliakim se le dijo: “Le revestiré de tu túnica, con tu fajín le sujetaré”; y a cada nuevo sucesor de Pedro se le hace lo mismo, para indicar con tal investidura que, en adelante, ya no se pertenecen a sí mismos, sino que vivirán por siempre para servir a Dios.
Todo esto es confirmado por la Tradición de la Iglesia en estas declaraciones:
“El Obispo de Roma, sucesor de San Pedro y centro de la unidad de la Iglesia, es el Papa. La comunión de los Obispos con el Papa y el cuidado de dicha unidad es parte esencial de la misión del futuro.” (Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 881-882) (1)
“El Romano Pontífice tiene la plenitud del poder en la Iglesia; es el Supremo Pastor de todos los fieles y el fundamento de unidad de la Iglesia.” (Código de Derecho Canónico, can. 333) (2)
“Donde esté el Obispo, allí esté la multitud; así como donde esté Cristo, allí está la Iglesia.” (San Ignacio de Antioquía) (3)
“La unidad de la Iglesia es una; por ello, el que no es de la Iglesia no tiene a Dios, no es su hijo, y debe entregarse a la armonía del cuerpo de la sociedad de Cristo.” (San Cipriano de Cartago) (4)
Para compartir:
1.- ¿Cómo podemos entender la figura de Eliakim y su relación con el Primado de Pedro en la construcción de la nueva Jerusalén, la Iglesia?
2.- ¿En qué aspectos consideras que el Primado de Pedro se refleja en la autoridad y el gobierno de la Iglesia actual?
Elaborada por:
Pbro. Héctor Pernía, mfc
Fuente:
(1) San Juan Pablo II. (1993). Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 881-882. Librería Editorial Vaticana.
(2) Conferencia Episcopal de España. (2002). Código de derecho canónico. Ediciones San Pablo.
(3) Ignacio de Antioquía. (2001). Las cartas de San Ignacio de Antioquía. Ediciones Paulinas.
(4) Cipriano de Cartago. (1988). La unidad de la Iglesia. Ediciones Cristiandad.
