Apologética en la Liturgia de la Palabra
Lecturas del día: Gén 46, 1–30; Sal 37, 3–4, 18–19, 27–28, 39–40; MT 10, 16–23.
Hermosa página sobre el perdón la que nos trae hoy la primera lectura, tomada del libro del Génesis. El perdón es el arma todopoderosa para vencer todo obstáculo de división y sanar viejas rencillas y heridas. Sirvió para multiplicar las bendiciones entre hermanos que entre sí tenían cuentas pendientes: los hijos de Jacob por haber planeado matar a su propio hermano José, y éste por no mirar aquellas ofensas y heridas. Su elección fue mirar más bien la necesidad de alimento que tenían ellos y todo Israel. Lo que un día fue tragedia, el perdón lo hizo causa de bendición.
Qué tal si entre grupos separados que se hacen llamar cristianos y la Iglesia Católica se recorriese ese camino, y las viejas heridas se volviesen ocasión de nuevas fortalezas para toda la familia cristiana en el mundo.
José dice a sus hermanos: ”Yo soy su hermano José, a quien ustedes vendieron a los egipcios. Pero no se asusten ni se aflijan por haberme vendido, pues Dios me mandó a Egipto antes que a ustedes para salvarles la vida”. (Gn 45, 4-5). ¿Qué debiésemos decirnos unos a otros, católicos y no católicos, para superar y sanar los desprecios y las actitudes anti fraternas con la que muchas veces profundizamos más y más la división entre los cristianos? No estar dispuestos a transitar el camino del perdón y la obediencia, es quedar descalificados del libro de la Vida, borrados de las filas de los discípulos de Cristo.
En el Evangelio de hoy, Jesús nos ordena ser embajadores del perdón y de la paz: ”Al entrar saluden así: “Que haya paz en esta casa…” (Mt 10, 12). Él nos envía a actuar en su nombre, dando testimonio, sobre todo. He allí el camino. La obediencia a Cristo, el respeto a Cristo como Maestro, del modo como José respetó íntegramente la autoridad y majestad del faraón de Egipto, y la condición de hermanos, de cada uno de los hijos de su propio padre, a pesar de todo lo que ellos habían hecho con él en el pasado.
Para compartir:
1-. ¿Será porque no practicamos el evangelio del perdón, que la división entre los cristianos existe y sigue creciendo?
2-. ¿Damos testimonio de perdón a nuestros semejantes? ¿Sin hacerlo nos podemos llamar cristianos?
Elaborado por:
Pbro. Héctor Pernía, mfc
