Apologética en la Liturgia de la Palabra
Jueves, XXIX Semana del T. Ordinario
Lecturas del día: Ef 3, 14-21; Sal 32; Lc 12, 49-53.
Comentario:
¡El evangelio de hoy es sorprendente!
Del auténtico bautismo muy poco hablamos y muy poco sabemos:
Jesús anunció a sus discípulos: ««He venido a arrojar un fuego sobre la tierra y ¡cuánto desearía que ya estuviera encendido! Con un bautismo tengo que ser bautizado y ¡qué angustiado estoy hasta que se cumpla!» (Lc 12, 49-50).
Probablemente muchos tenemos el cerebro ya programado a que, si nos hablan del bautismo de Cristo, automáticamente pensamos en el río Jordán y en Jesús recibiendo el Bautismo de Juan. Pero, hoy Jesús nos llama a mirarle inaugurando el bautismo para sus discípulos, no en el Jordán sino en la Cruz. Porque, si no conocemos el bautismo, ¿cómo estamos seguros de que hemos conocido y aceptado a Cristo y, en consecuencia, a Su Iglesia?
Los cristianos no buscamos en Juan nuestro bautismo. ¡Vamos a Jesucristo!
Él nos convoca a la cruz para beber, allí, muriendo con Él y junto a Él, el cáliz de la Providencia, el Amor divino, la copa de la confianza plena y absoluta en la fidelidad de Dios Padre. Así nos bautizamos los cristianos: dejándonos encender con el fuego de su Palabra y de su amor crucificado por nuestra salvación, con avivamiento permanente a toda hora y en toda circunstancia, eligiendo siempre Su voluntad y renunciando a la nuestra. El bautismo, por lo tanto, lo recibimos, lo vivimos y lo anunciamos, al cargar cada uno la cruz de cada día de manera voluntaria y gozosa, obedeciendo a Dios de manera pronta y alegre.
La Venida de Cristo traería división:
«¿Creéis que estoy aquí para dar paz a la tierra? No, os lo aseguro, sino división» (Lc 12, 51).
No entre los Suyos, sino entre los Suyos y las antiguas autoridades religiosas judías; por la resistencia a la novedad de Cristo, el único y definitivo Legislador, por parte de los partidarios y defensores de la antigua Ley. Ellos tienen, todavía hoy, muchos herederos: son aquellos que se erigen como voceros de Dios en la tierra y adversan al Maestro y Mesías de Dios, tal como lo hicieron sus predecesores. ¡Si no aceptan a Cristo, menos van a aceptar su Única Iglesia!
««Porque desde ahora habrá cinco en una casa y estarán divididos; tres contra dos, y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre; la madre contra la hija y la hija contra la madre; la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.» (Lc 12, 52-53)».
Prestemos atención a este maravilloso comentario a este pasaje del evangelio que hizo San Beda, uno de los Padres de la Iglesia:
««…Podemos decir que tres representa a los que creen en el misterio de la Santísima Trinidad y dos a los infieles que prescinden de la unidad de la fe. El padre es el diablo, cuyos hijos somos cuando lo imitamos. Pero después que vino aquel fuego celestial, nos separó unos de otros y nos dio a conocer a otro Padre que habita en los cielos. La madre es la sinagoga. La hija es la Iglesia primitiva, que sufrió persecución en su fe por la misma sinagoga, de quien desciende y que la contradijo con la verdad de su fe. La suegra es la sinagoga. La nuera es la Iglesia de los gentiles, porque Jesucristo, esposo de la Iglesia, es hijo de la sinagoga, según la carne. La sinagoga, por tanto, se divide contra la nuera y contra la hija, a quienes persigue en los que creen de uno y otro pueblo. Y ellas están divididas contra la suegra y la madre, porque no quieren recibir la circuncisión carnal.» (1)
Para compartir:
1.- ¿Qué signos de división y persecución sigue sufriendo hoy nuestro Señor Jesucristo?
2.- ¿Te has sentido parte de esa división y persecución? ¿Por qué?
Elaborado por:
Pbro. Héctor Pernía, mfc
Fuente:
1] Documento en línea: Catena Aurea: comentarios de los Padres de la Iglesia por versículos. Beda, 52-53.
2) https://www.deiverbum.org/lc-12_49-53/
