Apologética en la Liturgia de la Palabra
Sábado, XXIII Semana del Tiempo Ordinario. Ciclo B.
Lecturas del día: 1Tm 1, 15-17; Sal 112, 1-2. 3-4. 5a. 6-7; Lc 6, 43-49.
Comentario:
Dijo Jesús a sus discípulos: «¿Por qué me llamáis «Señor, Señor», y no hacéis lo que digo?» (Lc 6, 46).
Tal vez sea el distanciamiento con Cristo la mayor crisis actual de los cristianos.
Unos, porque no vivimos lo que decimos creer y con nuestros malos ejemplos derribamos la unidad en la fe de los cristianos que nos rodean, y otros, porque redujeron la fe a retórica, discursos, consignas y declaraciones, mientras se hacen la vista gorda ante sus infidelidades y presumen creerse ya salvos y exentos del pecado. La gran mayoría de ellos porque desvirtuan los Santos Evangelios y los acomodan a su conveniencia, negando que Cristo fundó una Iglesia, que puso frente a ella a un Vicario Suyo, que estableció Sacramentos, y que le dio poder a sus apóstoles para legislar las nuevas ordenanzas de la nueva Alianza que vendrían a corregir y perfeccionar las del Antiguo Testamento para desconocer y rechazar los mandatos y disposiciones de nuestro Señor Jesucristo.
¿De qué sirve decirle «Señor, Señor» a Cristo, fingiendo aceptarle, si luego no se hace lo que Él manda para poderse salvar: reconocer los pecados ante sus Ministros para ser absueltos (cf. Jn 20, 22-23) o comer de su Cuerpo y de su Sangre para tener vida eterna (cf. Mt 26, 26-28; Jn 6, 51-57)?
Decía San Bernardo, obispo y doctor de la Iglesia: (1)
«…No se puede atribuir la rectitud a un hombre que no agrada a Dios; ahora bien, dice la epístola a los Hebreos: “Sin la fe, es imposible agradar a Dios”(Hb 11,6). (…) Y aquel a quien Dios no agrada, la Iglesia-Esposa tampoco le agrada. Como pues podría ser recto, aquel que no ama a Dios ni a su Iglesia, a la cual se ha dicho: “los justos saben amarte” (Ct 1,3 Vulgata).»
«Al santo, no basta la fe sin obras, ni las obras sin la fe, para hacer justa al alma. Hermanos, nosotros que creemos en Cristo nos es necesario procurar seguir una vía recta. Elevemos a Dios nuestros corazones y nuestras manos juntas, afin de ser encontrados enteramente rectos confirmando con hechos de rectitud, la rectitud de nuestra fe, amando a la Iglesia- Esposa, y amados del Esposo, nuestro Señor Jesucristo, bendito por Dios en los siglos.»
Pidamos a Dios nos conceda docilidad incondicional y coherencia, con Cristo y con su Cuerpo, la Iglesia; y, que no cedamos a las nocivas Sectas que dicen «sí» a la Cabeza (Cristo) y luego niegan rotundamente la existencia y Santidad de su Cuerpo (la Iglesia).
Para compartir:
1.- ¿Qué efectos produce en las ovejas más frágiles las incoherencias ante el evangelio de los que más vamos a la Iglesia?
2.- ¿Y los que niegan los mandatos y ordenanzas de Cristo, qué efectos producen en el pueblo cristiano?
Elaborado por:
P. Héctor Pernía, mfc
Fuente:
*(1)* Documento en línea: San BERNARDO, obispo y doctor de la Iglesia. Sermón: ‘Cada árbol se conoce por sus frutos.’ Sermón 24 sobre el Cantar de los Cantares. deiverbum.org/lc-06_43-49/#Obras_Todos_llamados_a_la_santidad
