También, respecto a la gula, escribió Santo Tomás de Aquino:
«No es gula toda apetencia de comer o beber, sino sólo la desordenada. Y llamamos apetencia desordenada a la que se aparta del orden de la razón, en el cual consiste el bien de la virtud moral». Por eso llamamos pecado a lo que se opone a la virtud. Así, es evidente que la gula es pecado. El vicio de la gula no consiste en la sustancia del alimento, sino en deseo del mismo no regulado por la razón. Por ello, si alguno se excede en la cantidad de alimento, no por deseo del mismo, sino por creer que es necesario, no podemos decir que esto sea gula, sino falta de cálculo. Y sólo comete pecado de gula quien se excede en la cantidad de comida conscientemente, llevado por el placer producido por los alimentos.
La gula mata las virtudes no tanto por sí misma cuanto por los vicios que se derivan de ella, ya que San Gregorio dice en su “Pastoralis”: “Cuando el estómago es víctima de la glotonería, la lujuria mata las virtudes del alma”.
La Gula vista por dentro
Apoyados de Santo Tomás de Aquino se puede dar una mirada interna a la gula y conocer lo que hay dentro de ella, lo que sucede en el hombre que está atado a la ansiedad por la comida:
“El alimento se ordena a otro objeto como a su fin. Pero dado que ese fin, la conservación de la vida, es sumamente apetecible, puesto que la vida no puede conservarse sin el alimento, síguese que éste es también sumamente apetecible, y a él se ordena casi todo el trabajo del hombre, conforme a lo que dice Ecl 6, 7: “Todo el trabajo del hombre es para su boca.”
Sin embargo, parece que la gula se ocupa de los deleites de los alimentos más que de los alimentos mismos. Por eso, como dice San Agustín en De Vera Relig., “los que no estiman la salud del cuerpo prefieren comer -en lo cual está el deleite- antes que saciarse, aunque la finalidad de ese deleite es apagar el hambre y la sed”.
Santo Tomás, citando a San Gregorio Magno, menciona las cinco hijas de la gula: “alegría boba, bufonería, inmundicia, locuacidad y ceguera mental”.
Con estas cinco hijas se puede ayudar a quien necesite identificar si lleva consigo la dependencia excesiva hacia la comida y afrontar la situación antes que ésta le socave su vida personal y su relación con Dios y con los demás.
Para compartir:
1.- ¿Cómo podemos identificar cuándo un deseo por la comida se ha vuelto desordenado y se transforma en gula, y qué criterios podemos utilizar para evaluar nuestras propias apetencias alimentarias?
2.- Considerando las «cinco hijas de la gula» mencionadas, ¿de qué manera podemos reconocer estos vicios en nuestras vidas y qué estrategias podemos emplear para combatirlos?
Elaborada por:
P. Héctor Pernía, mfc
Fuente bibliográfica:
Pernía, H. (2024). “Guía de auxilio espiritual”. Rubio, Edo. Táchira, Venezuela.; pág. 603.