Apologética en la Liturgia de la Palabra
Martes, XVII Semana del Tiempo Ordinario.
Lecturas del día: Gál 1, 13–24; Sal 138, 1–3, 13–15; Lc 10, 38–42.
Comentario:
¿Acaso en estos tiempos no hay miles de activistas que repiten las campañas de Saulo luchando por desaparecer a la Iglesia de Dios, y que entregan todas sus fuerzas a la empresa de sacar católicos de la Iglesia para acabar con ella? ¿No lo hacen, incluso, con la misma pasión y convicción de Saulo, creyendo que hacen justo la voluntad de Dios?
A muchos de ellos les llega la muerte sin haber vivido la segunda parte de la vida de Saulo, sin saber que persiguieron a la Iglesia de Jesucristo. De ello se enteran es ante el tribunal de Cristo (cf. Rm 14, 10; 2Cor 5, 10). Por la gracia de Dios, han sido miles, y serán muchísimos más, los que viven aquí mismo en la tierra ese camino de conversión, y ahora dan testimonio de la misma fe de la que antes eran enemigos. Como Pablo repiten también: “Perseguía a la iglesia de Dios para destruirla” (Gal 1, 13).
¿Había mala intención o premeditación cuando Pablo perseguía a la Iglesia de Cristo?
¡No, de ninguna manera! Él mismo reconoció que lo hacía firmemente convencido de hacer la voluntad de Dios (cf. Gal 1, 14). Me atrevo a afirmar, que de igual modo actúan la inmensa mayoría de quienes lanzan desprecios y calumnias hacia la Iglesia Católica. Son sinceros porque hacen y dicen lo que sienten y piensan que es la verdad; se sienten seguros de estar en el camino correcto y le profesan un profundo amor a Cristo. Solo que, no saben de sus herejías y calumnias, de su apostasía, de que viven con los ojos vendados, engañados por quienes les convencieron a salirse de la Iglesia Católica. Su principal culpa es el desconocimiento y la ignorancia en la fe. A muchos católicos les cuesta mucho entender esto. El ‘Catecismo de la Iglesia Católica’, en el numeral 847 declara:
««Los que sin culpa suya no conocen el Evangelio de Cristo y su Iglesia, pero buscan a Dios con sincero corazón e intentan en su vida, con la ayuda de la gracia, hacer la voluntad de Dios, conocida a través de lo que les dice su conciencia, pueden conseguir la salvación eterna (LG 16; cf DS 3866-3872).»
¿Qué deben hacer quienes persiguen a la Iglesia Católica?
En Gal 1, 16-19 Pablo le da un hermoso y heroico ejemplo de humildad y santidad a quienes sienten en su corazón el dolor por perseguir a la Iglesia de Cristo y ahora quieren enmendar sus errores. Primero, él actúa como casi todos los pastores protestantes, empieza a predicar en uno y otro lugar durante tres años sin pedir autorización alguna a las autoridades que Cristo puso al frente de la Iglesia. Luego, va, los reconoce como superiores, se hace examinar en su doctrina y regresa a su labor apostólica acreditado y autorizado en nombre de Cristo. Aquí da varias enseñanzas a seguir:
◼️ Reconocer que Cristo sí fundó una única Iglesia y que no la dejó acéfala, sino que puso a Cefas al frente de ella para dirigirla y pastorearla en su nombre.
◼️ Actuar con humildad reconociendo el primado del sucesor de Pedro, el Papa, y obedecer su autoridad (cf. Jn 1, 42; Mt 16, 17-19; Jn 21, 15-17).
◼️ Ser confirmado y facultado por Cefas para poder ser pastor y dirigente de comunidades cristianas. Por eso Pablo permaneció quince días con él, recibiendo instrucciones y adquiriendo el verdadero depósito de la fe (cf. Gal 2, 1-9).
◼️ Peregrinar de no católico a católico, yendo a buscar a Pedro en su relación con Cristo, a quien más bien le llama Cefas, al igual que san Pablo (cf. Gal 1, 18-19), como diciendo: «quiero edificar sobre la roca elegida y puesta por Cristo.»
Para compartir:
1.- ¿Has conocido casos de personas que vivieron una historia semejante al testimonio de conversión de san Pablo?
2.- ¿Qué estarías dispuesto a hacer para contribuir a que más hermanos protestantes vivan esa misma bendición?
Elaborado por:
Pbro. Héctor Pernía, mfc

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