Apologética en la Liturgia de la Palabra
Viernes, XXII Semana del Tiempo Ordinario. Ciclo B.
Lecturas del día: Col 1,15–20; Salmo 99, 2–5; Lc 5, 33–39.
Comentario:
Muchas ventanas de formación para la defensa y anuncio de la fe verdadera se nos presentan hoy en la Palabra de Dios.
El Vino nuevo y los Odres nuevos, en contraposición de los Vinos y los Odres viejos, podrían representar a Jesucristo y la Iglesia que fundó; y, los segundos, a la antigua Alianza con su Ley mosaica y la vieja institución sacerdotal del sacerdocio levítico.
Los Odres viejos no resisten el Vino nuevo
Eso se ve a menudo en los libros sagrados, cuando los doctores de la ley, los fariseos y escribas, estallaban de ira contra Jesucristo o sus discípulos por cualquier obra de bien que dijeran o hicieran, al punto que orquestaron calumnias, persecuciones y juicios amañados para condenarlos a muerte. Decir Odres viejos puede representar también la agonía de todo el compendio de prescripciones y cláusulas a las que vivía encadenado el pueblo de Israel, y de las cuales Cristo vino a liberarnos con su Sacrificio Santo en la cruz y su Resurrección (cf. Rm 7, 1-7; Col 2, 14; 2Cor 3, 3-18; Ef 2, 15).
¿A Vino nuevo, Odres nuevos?
La entrada de Cristo puso en crisis a quienes fueron los Odres del antiguo Vino: la Ley. El Vino nuevo trajo nuevos Ministros de Dios que vinieron a sustituir los antiguos. Un nuevo Sacerdocio en lugar del sacerdocio de los descendientes de Aarón. La resistencia de los Odres viejos a no dejarse romper por el Vino nuevo le hizo ir en contra del Vino y llevarlo a crucifixión. Actuaron así no sólo con el nuevo Vino, sino también con los nuevos Odres, contra los pilares y los miembros de la Iglesia que Cristo fundó (cf. Mt 10, 1-5; 16, 17-19; Mc 3, 16-19).
Era necesario, para que hiciera entrada el Nuevo, Definitivo y Sumo Sacerdocio del Mesías, el Tiempo de la Gracia, y la Nueva Jerusalén, que entraran en agonía, resistencia y fenecieran las viejas instituciones judías: el sacerdocio, la ley mosaica y el templo de Jerusalén. Las prescripciones de la Ley antigua no podían quedarse a reñir, competir o ponerse como iguales o intocables ante los nuevos Mandamientos de la Nueva Alianza.
Contemplemos el Vino y el Odre nuevo
Cristo es el mismo ayer, hoy y siempre (Hb 13, 8) y las puertas del infierno jamás iban a prevalecer contra su Iglesia (cf. Mt 16, 18). No puede ser entonces que el Vino nuevo permanezca hoy y el Odre no; que el Vino se haya quedado sin Odre en la persecución del imperio romano a los cristianos o en los siguientes siglos. Está fuera de todo sentido, que el Vino nuevo de la Salvación anduviese sólo, sin Odre alguno, o que quitase el Suyo, el creado por Él, para poner en su lugar otros odres hechos por hombres – sectas protestantes – en Alemania, Inglaterra, Estados Unidos, muchos siglos después; pues así dicen muchos anti católicos, que la Iglesia de Cristo se paganizó y se acabó en el emperador Constantino, y que ahora ellos sí la van a levantar y edificar. Creen que Cristo abandonó su Odre y lo dejó destruir por los romanos. ¡Cómo se nota que desconocen e ignoran a Cristo!.
¿Cómo sabemos que la Iglesia es el Odre de Cristo?
Dice así en el Catecismo de la Iglesia Católica: ”En la Iglesia es donde Cristo realiza y revela su propio misterio como la finalidad de designio de Dios: “recapitular todo en Cristo” (Ef 1, 10). (n. 772). Él mismo eligió a los Doce, los preparó, los adoctrinó, los purificó, los configuró a Él, les dio autoridad, mandatos, los envió y, sobre todo, les dio la custodia y la fuerza del Espíritu Santo. No puede haber muerto, entonces, aquella Iglesia naciente, aquel Odre. Hoy está de pie: la Iglesia edificada por Cristo sobre su Roca (el primado petrino): la Iglesia Católica.
Para compartir:
1.- ¿Qué hubiese pasado con el pasar de los siglos si el Vino Nuevo se hubiese guardado y quedado entre los odres viejos, los fariseos, los escribas y Doctores de la Ley?
2.- ¿Quiénes hacen hoy de Odres nuevos y los Odres viejos?
Elaborado por:
Pbro. Héctor Pernía, mfc

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