Apologética en la Liturgia de la Palabra
Martes, XXX Semana del Tiempo Ordinario. Ciclo C
Lecturas del día: Ef 5, 21-33; Sal 127; Lc 13, 18-21.
Comentario:
¿Qué nos está diciendo el Señor a través de este pasaje, presente en la primera lectura de hoy?: «Porque el marido es cabeza de la mujer, como Cristo es Cabeza de la Iglesia, el salvador del Cuerpo» (Ef 5, 23).
Nos habla del Matrimonio, y también de los frutos espirituales que Dios concede a todos los bautizados: ser hijos de Dios, hijos espirituales de María Santísima y coherederos, por Gracia, por participación, de todo lo que, por naturaleza propia, Cristo es: Intercesor y Único Mediador entre Dios y los hombres. Por ello, en la Eucaristía nos da de alimento su propio Cuerpo y su propia Sangre, para consumar y fortalecer Su cuerpo vivo en el mundo: la Iglesia.
Muchos grupos protestantes, a consecuencia de negar que la Iglesia Católica sea la Iglesia única de Jesucristo, no aceptan que los católicos gocen de estos dones; sin embargo, esa prejuiciada manera de pensar cambia por completo en aquellos que deciden, sin miedo, ir a la Verdad, porque terminan, indefectiblemente en el seno de la Iglesia Católica. Allí se unen también al gozo de descubrir todas las gracias y bendiciones espirituales recibidas mediante el Bautismo y los demás Sacramentos.
El esposo es el Cristo de la casa:
Porque, el esposo es a la esposa, lo que Cristo, a la Iglesia: su Cabeza. Cristo es cabeza de la Iglesia, y el esposo, cabeza de la esposa. Así es el plan de Dios, según lo reveló en la Sagrada Escritura.
El esposo es el elegido por Dios en el matrimonio para llevar al hogar la salvación, porque es Cristo quien salva a la Iglesia y no al revés. Son los esposos los que deben reunir a todos en su casa para los asuntos de Dios: para orar, ir a la Iglesia, participar en los Sacramentos, leer la Palabra de Dios. No deben, por lo tanto, vivir ignorando y eludiendo el don tan precioso y sagrado que Dios les ha concedido y del cual les va a pedir cuentas: ser Cristo vivo ante su esposa y su descendencia.
Qué sorprendidos quedan los hombres con esta revelación, ya que la mayoría da por contado que la mujer es a la que le toca encargarse de los asuntos de Dios en la casa.
No por casualidad se hace más rápido que una familia mundana se incorpore a la Iglesia, cuando el esposo es el primero que se convierte y se entrega a Dios; y, caso contrario, se vuelve una larga agonía de años el cambio hacia Dios de un núcleo familiar, cuando la que se convierte primero es la esposa. La obstinación de un esposo en negarse a ir a la Iglesia se torna en una dolorosa carga de largos años para su sufriente esposa. No por casualidad predominan los hombres en las cárceles. Sucede así porque en las iglesias predominan las mujeres. Y ¿por qué hay mujeres también en las cárceles? Tal vez porque abandonaron la Iglesia y se pusieron a vivir como muchos hombres.
Para compartir:
1.- ¿De qué dones y frutos goza todo bautizado por ser miembro del Cuerpo Místico de Cristo?
2.- ¿Qué misión le ha dado Dios al esposo en su familia?
Elaborado por:
Héctor Pernía, mfc
