
Hacer frente a la adicción a la comida no es irse al extremo opuesto de la abstinencia radical de alimentos. Eso sería rayar en una conciencia escrupulosa, muy dañina para el alma y para la propia salud corporal.
«…lo malo, en realidad, no es ni siquiera el placer mismo [de comer] sino la búsqueda del placer y el apego a él que constituyen la pasión. Por eso san Juan Casiano hace notar: “El placer que se obtiene de forma natural al comer no es un mal esencial”; “si no va acompañado de intemperancia… o de algún otro vicio, no se puede decir que sea malo”. La templanza consiste, pues, estrictamente hablando, más que en abstenerse del placer, en no buscarlo y en no atarse a él y, más fundamentalmente, en no prestarle ninguna atención (…) Los Padres recomiendan (…) evitar cualquier exceso [en la cantidad y en la calidad] y dan como principio concreto de aplicación el no comer ni beber hasta saciarse y quedarse siempre con un poco de hambre y un poco de sed (…) De este modo, san Juan Casiano escribe: “La regla general que hay que seguir respecto a la templanza es permitirse… el alimento necesario para sustentar el cuerpo, no lo bastante para saciarlo”».
A continuación, una orientación que ofrece la Gran Enciclopedia Rialp:
_«…para evitar los obstáculos que el uso inmoderado de los alimentos puede poner en la práctica de la virtud, San Jerónimo aconseja en diversas ocasiones: “Y para que la gula no impida cumplir los preceptos que te indico, come de manera que no quedes del todo harto; y puedas, después de comer, leer, orar y recitar salmos” (Epistula ad Laetam, 10: PL 22, 871).
Estas enseñanzas de los Padres no son más que la aplicación de las palabras de S. Pablo: “Andemos con decencia y honestidad, como se suele andar durante el día, no en comilonas y en borracheras, no en deshonestidades y en disoluciones” (Rm 13, 13); fiel reflejo, a su vez, del espíritu que Jesucristo había manifestado en ocasión del ayuno, y que se refiere íntegramente también a la abstinencia.
“Domad vuestra carne con ayuno y abstinencia de comidas y de bebidas, cuanto la salud lo permita. Si no puedes ayunar, no tomes alimento fuera de las horas de las comidas, a no ser que estés enfermo”, recomienda S. Agustín (Epist. 211, 8: PL 33, 960)»._
Para compartir:
1.- ¿Qué estrategias prácticas podemos implementar en nuestra vida diaria para evitar la búsqueda compulsiva del placer en la comida, manteniendo un equilibrio saludable entre disfrutar de los alimentos y practicar la templanza?
2.- Reflejando sobre las enseñanzas de San Jerónimo y otros Padres de la Iglesia, ¿cómo podemos aplicar su consejo sobre moderación en nuestras decisiones alimentarias? ¿Qué cambios concretos podríamos hacer para fomentar estos hábitos en nuestra comunidad?
Elaborada por:
P. Héctor Pernía, mfc
Fuentes bibliográficas:
Pernía, H. (2024). “Guía de auxilio espiritual”. Rubio, Edo. Táchira, Venezuela; pág. 605.