Apologética de la Liturgia de la Palabra
XXVIII Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo B. Año impar.
Lecturas del día: Sb 7, 7–11; Sal 89, 12–17; Hb 4, 12–13; Mc 10, 17–30
Comentario:
Con frecuencia algunos hermanos cuestionan el celibato del Papa y los sacerdotes, y se apoyan del hecho de que Cristo le curó la suegra a Pedro (cf. Mc 1, 29-31) y dicen, “si el primer Papa se casó, ¿por qué no lo hacen los demás Papas?” Es cierto que Pedro tuvo esposa, pero olvidan que lo dejó todo, incluso a su esposa para seguirle a Cristo. Eso se evidencia más adelante, en el mismo evangelio de Marcos, cuando Pedro dijo a Cristo:
”Nosotros lo hemos dejado todo para seguirte.” Y Jesús contestó: “En verdad les digo: Ninguno que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o campos por mi causa y por el Evangelio quedará sin recompensa. Pues, aun con persecuciones, recibirá cien veces más en la presente vida en casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y campos, y en el mundo venidero la vida eterna” (Mc 10, 28-30).
Más directo lo vemos en el evangelio de Lucas: ”Pedro dijo: “Ya ves que nosotros hemos dejado todo lo que teníamos y te hemos seguido.” Jesús respondió: “Yo les aseguro que ninguno dejará casa, esposa, hermanos, padre o hijos a causa del Reino de Dios sin que reciba mucho más en el tiempo presente y, en el mundo venidero, la vida eterna” (Lc 18, 28-30).
A continuación, la instrucción que se nos da en el Catecismo de la Iglesia Católica (1) sobre el celibato en los ministros de la Iglesia:
“Todos los ministros ordenados de la Iglesia latina, exceptuados los diáconos permanentes, son ordinariamente elegidos entre hombres creyentes que viven como célibes y que tienen la voluntad de guardar el celibato «por el Reino de los cielos» (Mt 19,12). Llamados a consagrarse totalmente al Señor y a sus «cosas» (cf 1 Co 7,32), se entregan enteramente a Dios y a los hombres. El celibato es un signo de esta vida nueva al servicio de la cual es consagrado el ministro de la Iglesia; aceptado con un corazón alegre, anuncia de modo radiante el Reino de Dios» (cf PO 16).
“En las Iglesias orientales, desde hace siglos está en vigor una disciplina distinta: mientras los obispos son elegidos únicamente entre los célibes, hombres casados pueden ser ordenados diáconos y presbíteros. Esta práctica es considerada como legítima desde tiempos remotos; estos presbíteros ejercen un ministerio fructuoso en el seno de sus comunidades (cf PO 16). Por otra parte, el celibato de los presbíteros goza de gran honor en las Iglesias orientales, y son numerosos los presbíteros que lo escogen libremente por el Reino de Dios. En Oriente como en Occidente, quien recibe el sacramento del Orden no puede contraer matrimonio.
Se pueden encontrar casos de celibato, incluso en otros servicios y actividades de la sociedad. A este respecto señala el Catecismo de la Iglesia Católica: “Hay quienes no se casan para poder cuidar a sus padres, o sus hermanos y hermanas, para dedicarse más exclusivamente a una profesión o por otros motivos dignos. Estas personas pueden contribuir grandemente al bien de la familia humana” (n. 2231).
Fuente:
1] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1579-1580.
Para compartir:
1.- ¿Qué facilita más el servicio ministerial en el sacerdocio y la vida religiosa, estar casados o el celibato? ¿Por qué?
2.- ¿Qué podría explicar el supuesto interés de quienes adversan a la Iglesia Católica y piden que los sacerdotes y las religiosas se casen?
Elaborada por:
Pbro. Héctor Pernía, mfc
