¿Qué Es, Cómo Impacta Y Por Qué Superarla?
Según el Catecismo de la Iglesia, la avaricia es un “deseo desordenado nacido de la pasión inmoderada de las riquezas y de su poder”, que puede llevar —como el mismo Catecismo lo advierte— al deseo y acto de “cometer una injusticia mediante la cual se dañaría al prójimo en sus bienes temporales” (n. 2536).
Con la avaricia se transgrede el décimo mandamiento de la Ley de Dios, que prohíbe codiciar los bienes ajenos. ¿Y eso qué significa? Cada mandamiento cuida y protege al ser humano del mal; pero cuando el hombre transgrede cualquiera de ellos, se agrede y se destruye a sí mismo y a los demás.
La avaricia impacta negativamente en la vida de las personas, sus relaciones, su salud emocional, sus valores y la economía. Por ejemplo:
– Ocasiona conflictos familiares y entre amigos.
– Produce celos y rencores.
– Rompe la comunicación y destruye la confianza.
– Causa estrés y ansiedad.
– Trae vacío existencial al no encontrar satisfacción en el dinero ni en los bienes materiales.
– Lleva a tomar decisiones contrarias a los valores que antes se defendían.
– Vuelve egoísta y anticomunitaria a la persona, imponiendo el beneficio propio sin importar las necesidades de los demás.
– Genera opresión, injusticia y desigualdad social, aumentando la brecha entre ricos y pobres.
– Provoca crisis económicas en la sociedad por acaparar bienes destinados al bien común.
– Arrastra a conductas adictivas hacia los bienes materiales, poniendo en grave peligro la misma bonanza de la cual se cree seguro y realizado.
Lecciones sobre la avaricia
Posiblemente conozcas casos de personas que, a causa de la avaricia, el desorden en sus gastos y la traición a sus valores, perdieron su matrimonio, sus familiares y amigos. Sin embargo, muchas de ellas se transformaron positivamente gracias a haber participado en un retiro espiritual organizado por su parroquia, o por haber vivido un accidente, una dolorosa pérdida o una enfermedad que les llevó a reflexionar, reencontrarse consigo mismas, redescubrir sus valores y convertirse en personas entregadas al servicio de los demás.
Especialmente, comenzaron a contribuir con su tiempo y sus aportes económicos en la construcción del Reino de Dios dentro de su comunidad. Muchos lograron recuperar su matrimonio y la unión con sus familiares y amigos. Otros, al menos, encontraron para siempre una nueva y definitiva familia: la de sus hermanos en la fe, gracias a la ayuda espiritual que su parroquia les brindó.
Para compartir:
1.- ¿Hemos experimentado la avaricia en nuestras propias vidas o en el entorno de nuestras relaciones?
2.- ¿Qué cambios hemos observado en nosotros mismos o en otros después de haber superado actitudes avariciosas?
Elaborado por:
P. Héctor Pernía, mfc
