¡Mira dentro, pecador, entra en tu alma! ¡Mira y llora por el alma sujeta a la vanidad, a la agitación y que no puede liberarse de su cautividad…! Es evidente, hermanos, que vivimos fuera de nosotros mismos; somos olvidadizos de nosotros mismos cada vez que nos disipamos en risotadas o distracciones, cuando nos concedemos comodidades fútiles. Por esto, la Sabiduría tiene interés en invitarnos a la casa del arrepentimiento más que a la casa de la diversión, es decir, llamar al hombre mismo desde dentro de sí, diciendo: “Dichosos los que lloran”, y en otro pasaje: “Ay de los que reís ahora”.
Hermanos míos, gimamos en presencia del Señor, cuya bondad nos perdona. Volvamos hacia nuestro interior con ayunos, llantos, sobre nosotros mismos (cf. Jl 2,12), para que un día… sus consolaciones alegren nuestras almas. Dichosos, en efecto, los que lloran, no porque lloran, sino porque serán consolados. (1)
Con esta maravillosa reflexión del monje cisterciense Isaac de Stella (siglo XII), dirigimos nuestra mirada hacia los principales obstáculos que impiden el progreso y el logro de las metas que nos fijamos. Muchos podrían alcanzar heroicas cumbres en la vida si no tuvieran sus vidas esclavizadas a tantas distracciones que les ocasionan dispersión, fuga de energías, tiempo y oportunidades.
En efecto, ¿qué gran atleta consigue sus logros a base de comodidades, confort y complaciendo cada uno de sus gustos? ¿No es su camino, más bien, la disciplina, las renuncias diarias, una vida ordenada y una concentración de todos sus recursos personales hacia un objetivo claro y firme?
En la vida espiritual, si queremos ser buenos atletas, tenemos como ejemplos a imitar a los santos. Todos ellos sustituyeron los placeres y vanidades terrenales y superfluos por los valores del Reino de Dios. El maligno se vale de las distracciones y glorias terrenas para entretener el mal hasta adormecernos, y para devaluar la vida de los hombres mediante vicios y males que los deterioran y arruinan.
Para compartir:
1. ¿Cuáles son las distracciones o comodidades que nos alejan de un crecimiento espiritual auténtico? ¿Cómo podemos identificar y eliminar esos obstáculos para vivir de manera más centrada y disciplinada?
2. Siguiendo el ejemplo de los santos y su disciplina espiritual, ¿qué prácticas podemos adoptar en nuestra rutina diaria para fortalecer nuestra vida espiritual y alejarnos del odio? ¿Cómo podemos inspirarnos en sus vidas para motivarnos a renunciar a lo superficial y enfocarnos en valores que nos acerquen al Reino de Dios?
Elaborada por:
P. Héctor Pernía, mfc
Fuente:
(1) Isaac de Stella, monje cisterciense. Sermón 2 para Todos los Santos, 13–20: “Dichosos los que lloran”. En: Dei Verbum
