
Ser seducidos por el dinero no es algo que le ocurra únicamente a quienes poseen ingresos económicos. También puede suceder a quienes viven afectados por la pobreza y las necesidades materiales.
Estas recomendaciones pueden ayudar:
Activar un programa de compromisos:
• Planificar mensualmente los gastos, priorizando lo que es realmente necesario y limitando lo que sea mero lujo y vanidad.
• Ahorrar en pro de una buena causa: reservando cada mes un 10% del ingreso para destinarlo a una obra benéfica o en un proyecto personal para atención de necesidades de la propia familia.
• Llevar un seguimiento de las propias finanzas para identificar cómo emplea el dinero y ordenar adecuadamente los hábitos personales.
• Evaluar al final del mes el avance de las anteriores metas fijadas, para hacer ajustes y mejorar los resultados.
Practicar la generosidad:
• Donar a causas locales: esta es una excelente oportunidad para iniciarse e incorporar el ejercicio del diezmo mediante un aporte mensual a organizaciones o parroquias que ayuden a los necesitados. Hacerlo, ayudará a fortalecer la confianza en Dios y el amor al prójimo.
• Unirse como voluntario a una obra de caridad: mejor, si ésta lo realiza en la propia parroquia, para así dar testimonio de comunión eclesial y de compromiso con la construcción del Reino de Dios allí donde se vive o se tiene la propia residencia.
• Practicar el “primerear” de la caridad: inspirado en la enseñanza del Papa Francisco en la Exhortación “Evangelii Gaudium”, de sorprender al prójimo llevando la alegría del Evangelio a quien necesita del amor de Dios, con pequeños, pero muy valiosos gestos de caridad, cercanía, hermandad y solidaridad.
• Compartir lo que acumulas: de las propias pertenencias, ejercítate en la generosidad obsequiando cosas personales que puedan convertirse en un apego, a quienes puedan darle mejor uso.
Darle un sentido trascendente a la vida
• Entregar a Dios el resto de vida terrenal ayudando a salvar el mayor número de almas, cooperando económicamente y – de ser posible – con tiempo y esfuerzos, en aquellos proyectos católicos más necesitados y prometedores en ese propósito.
• Unirse espiritual y formalmente a algún carisma misionero reconocido eclesiásticamente, participando en ejercicios espirituales, haciendo votos de consagración – de ser posible.
• Participar en retiros espirituales o en cursos de formación doctrinal de la fe católica reconocidos por la Iglesia.
• Crear costumbres familiares que enseñen los valores de la caridad y el desapego. Por ejemplo: hacer cada año un viaje en familia para ayudar voluntariamente en alguna labor misionera o benéfica en una comunidad durante las vacaciones.
Poner en práctica estas recomendaciones ayudará a ser una persona generosa y alegre viviendo la libertad como hijos de Dios.
Para compartir:
1.- ¿Cómo podemos identificar los gastos innecesarios en nuestra vida diaria y hacer un compromiso real para priorizar lo que es verdaderamente importante?
2.- ¿Qué costumbres familiares o comunitarias podemos establecer para enseñar y reforzar los valores de la caridad y el desapego en nuestras vidas?
Elaborado por:
P. Héctor Pernía, mfc