Tanta gente que nunca se confiesa dice: “¡Yo no tengo pecados!

  • Liturgia<📖> Apologética
    De la Liturgia de la Palabra.
    1ra Sem. T. de Adviento.
    Fecha: 28 Diciembre de 2018

    Comentario: El que se crea seguro que tenga cuidado de no caer (1Cor 10, 12)

    ”Dios es luz y que en él no hay tinieblas. Si decimos que estamos en comunión con él mientras caminamos en tinieblas, somos unos mentirosos y no actuamos en la verdad. Si decimos que no tenemos pecado, nos estamos engañando a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros.” (1Jn 1, 6-8)

    Somos muy hábiles inventando pretextos para no confesarnos. Tengamos sumo cuidado, y evitemos estar diciendo: “¡Yo no tengo ningún pecado!”; “cuando era católico era un pecador; yo ahora soy salvo gracias a la sangre de Cristo”. No nos pase que andemos entre tinieblas, mientras andamos pensando o creyendo que andamos a plena luz del día, a la manera del rey Herodes que, envuelto por la ambición del poder, creía que hacía lo correcto cuando mandó a matar a todos los niños de Israel menores de dos años, del mismo modo nos puede pasar a nosotros cada vez que decimos o creemos estar libres de pecado, mientras llevamos los pies hundidos en el barro de la rebelión contra Dios.

    Pero, ¿es necesario que uno le confiese los pecados a un sacerdote?

    Dejemos que la misma Sagrada Escritura nos responda:

    ”Si confesamos nuestros pecados, él, que es fiel y justo, nos perdonará nuestros pecados y nos limpiará de toda maldad. Si dijéramos que no hemos pecado, sería como decir que él miente, y su palabra no estaría en nosotros.” (1Jn 1, 8-10)

    ¿Has leído? ¿Que a los que confiesan sus pecados Dios se los perdona y se los limpia de toda maldad? Así, pues, que también sabemos entender lo contrario, que somos mentirosos si decimos que no tenemos pecado si al mismo tiempo somos rebeldes a hacer lo que Dios nos pide, nos ofrece y manda; no para nuestro mal sino para nuestro bien. Así lo testimonian las primeras comunidades cristianas: ”Muchos de los que habían aceptado la fe venían a confesar y exponer todo lo que antes habían hecho. No pocos de los que habían practicado la magia hicieron un montón con sus libros y los quemaron delante de todos…” (Hch 19, 18-19)

    ¿Acaso la sangre de Cristo nos cubre, nos lava o nos quita los pecados a través de puros cantos, declaraciones, o sublimes oraciones?

    Dice la Palabra: ”Este es el mensaje que hemos recibido de él y que les anunciamos a ustedes: que la sangre de Jesús, el Hijo de Dios, nos purifica de todo pecado.” (1Jn 1, 7)

    El mismo texto de Juan que leemos hoy nos enseña que la sangre de Cristo nos purifica, no como agua que corre fuera del cuerpo, sino porque hemos comido el cuerpo y sangre de Cristo en la Eucaristía (Mt 26, 26-28; Lc 22, 19-20), y ahora ésta corre como manantial de agua viva por las arterias, las venas y todos los rincones de nuestro ser, hasta poder decir: ¡CRISTO VIVE EN MÍ!

    Preguntas para compartir:

    1.- ¿Construir la fe sobre la roca es sólo una fórmula doctrinal? ¿De qué manera se ha de vivir y practicar esa enseñanza de la fe?

    2.- ¿De qué manera se finge estar cumpliendo con la voluntad de Cristo mientras se vive en rebelión hacia él?

    Elaborada por:
    Pbro. Héctor Pernía, mfc

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