El primado de Pedro (El Papa) y los pastores de la Iglesia

Pbro. Héctor Pernía, mfc

El primado de Pedro, anunciado por el profeta Isaías.

(120) En Mt 16,17-19 Dios está cumpliendo lo que anunció y prefiguró en Is 22,20-22: a Eliakym: “Pondré la llave de la casa de David sobre sus hombros”. A Pedro: “Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos”. Lo primero prefigura y profetiza lo segundo. A Pedro y sus sucesores les corresponde, en consecuencia, por mandato directo de Cristo, el servicio y la autoridad de tener las llaves de la Casa de Dios (la Iglesia), para administrar y proveerle los verdes pastos de la salvación a todas las ovejas de su rebaño, y, también, para proveerle de legítimos pastores y protegerlo ante salteadores y ladrones de ovejas (cf. Jn 10,1-9; 21,15-17).

De Elyaquim dijo el Señor: “cuando él abra, nadie podrá cerrar, y cuando cierre, nadie podrá abrir” (Is 20,22); y a Pedro le confirió este poder: “lo que ates en la tierra quedará atado en el Cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el Cielo” (Mt 16,19). A ambos, más a Pedro que a Elyaquim, se les dio autoridad para gobernar y administrar los bienes de Dios en la tierra.

A Elyaquim se le dijo: “será él un padre para los habitantes de Jerusalén y para la casa de Judá”. Igual lo fue con Abraham (cf. Gn 17,5) y Jacob (cf. Gn 46,5), anticipando y anunciando que al mismo que le darían las llaves del Reino de los Cielos, le correspondería ser también el padre de la nueva Jerusalén, la Iglesia.

Elyaquim, hijo de Jilquías, pasó de ser un ministro real a ser nombrado públicamente el primer ministro del reino de David; así Pedro, uno de los Doce ministros, fue instituido públicamente por el propio Jesucristo, como el Primer Ministro de todo su Reino. Y eso no fue para una semana o unos meses o años, sino, por siempre, en sus sucesores legítimos.

A Elyaquim se le dijo: “le revestiré de tu túnica, con tu fajín le sujetaré” y a cada nuevo sucesor de Pedro se le hace lo mismo, para indicar con tal investidura que, en adelante, ya no se poseen a sí mismos sino que vivirán por siempre para pertenecerle y servirle a Dios.

¿Qué dicen las Escrituras sobre el primado de Pedro y sus sucesores?

(121) Sobrepasa a nuestro entendimiento humano alcanzar la amplitud y la profundidad de lo que Jesucristo, en Pedro, dejó para sus discípulos y para todos los tiempos:

  • Pedro siempre es mencionado primero como el apóstol principal (cf. Mt 10,1-4; Mc 3,16-19; Lc 6,14-16; Hch 1,13; Lc 9,32).
  • Pentecostés: Pedro fue quien predicó primero (cf. Hch 2,14-40).
  • Primero en entrar al sepulcro, antes que Juan, a verificar la resurrección de Cristo (cf. Jn 20,3-10).
  • Pedro hizo la primera curación (cf. Hch 3,6-8).
  • Habla por los apóstoles (cf. Mt 16,15-17; Mc 8,29; Lc 12,40-41; Jn 6,67-69; Hch 15,7-11).
  • Que los gentiles debían ser bautizados le fue revelado a Pedro (cf. Hch 10,43-48).
  • “Simón, apacienta y confirma a tus hermanos”, cuídales (Lc 22,31-32; Jn 21,15-17).
  • “Vicario” de Cristo (cf. Lc 10,16; Jn 13,20; 2Co 5,20; Ga 4,14; Hch 5,1-5; Jn 10,1-3.7).

La Cátedra de Moisés como autoridad para enseñar (cf. Mt 23,1-2).Apenas el apóstol Pedro murió, en el año 68 aproximadamente, y siendo el obispo titular de Roma, le nombraron su sucesor; del mismo modo como, el propio Pedro, convocó y presidió el nombramiento de un sucesor a Judas Iscariote (cf. Hch 1,16-26) para completar la institución de los apóstoles.

En sintonía con esto podemos entender las palabras del Papa San León Magno, cuando referiéndose a Pedro, y en él, a sus sucesores, dijo: “… aquel que fue inundado tan copiosamente por la misma fuente de todo los carismas, de modo que, habiendo sido el único que recibió en su persona tanta abundancia de dones, nada pasa a los demás si no es a través de él”[1]

Cristo constructor puso, en Mt 16,17-19, la primera piedra para levantar su Iglesia.

(122) Dios le cambió a Abrahán su nombre anterior (Abram) (cf. Gn 17,1-6) y le hace padre de una multitud de naciones. Jesucristo es Dios y, dando inicio al cumplimiento de esa promesa hecha a Abraham, hace algo muy semejante con el apóstol Pedro: le cambió su nombre anterior (Simón) (cf. Jn 1,42) por el de ‘Cefas’ (piedra), para así constituirlo en la primera piedra de su edificio de piedras vivas: la Iglesia (cf. 1Pe 2,5); para darle la misión de ser el padre y guía de todos los Suyos: sus discípulos (cf. Jn 21,15-17), y de todo lo Suyo: el Reino de los Cielos (cf. Mt 16,19).

Una piedra visible a los hombres nos une en Cristo.

(123) Cristo es la piedra angular de toda la Iglesia (cf. Is 28,16; Ef 2,20; 1Pe 2,6); pero, siendo que él es Espíritu (cf. Jn 4,24) y, por ende, invisible, los humanos, sujetos a nuestra corporeidad, no le podemos tangiblemente ver directamente. Estimo que por ello, en su infinita sabiduría y dentro del misterio de la pedagogía de la encarnación (“se hizo carne y acampó entre nosotros” – Jn 1,14), para que con el pasar de los siglos no se dispersara y dividiera su rebaño, procedió a establecer y encarnarse él mismo en una piedra angular humana por él mismo escogida, tallada y establecida (cf. Jn 1,42; Mt 16,17-19).

Estar parados sobre Cefás, es estarlo en Cristo, piedra angular de toda la Iglesia. De este modo los suyos le pueden ver y encontrar; y a través de Cefas, su piedra tallada y su vicario, Cristo apacienta a todos sus corderos.

Es un pastoreo vicariado; nombra a Pedro como representante suyo. Nos corresponde entonces a los cristianos de todos los tiempos, al mirar y referirnos al Papa, trascender de lo simplemente terrenal o visible y, en su investidura, mediante los ojos de la fe y fiados en la Palabra irrevocable de su Palabra, reconocer al mismo Cristo, oculto pero espiritualmente vivo y presente sosteniendo y conduciendo en Su Iglesia la extensión de su Reino.

Cristo le dijo a Pedro: “¿Me amas más que estos? (…) Apacienta mis corderos” (Jn 21,15-17).

(124) Se lo dijo tres veces, que no es igual que una sola vez; indicando que es sumamente sagrado, importante, irrevocable y santo lo que le está ordenando, y que se está sellando entre ambos: un compromiso, una alianza, un envío ya prefigurado antiguamente en Abraham, Isaac, Jacob, etc.

En esa alianza están incluidos todos los que se unen a Cristo. Debemos, por siempre, mirar en Pedro (el Papa) la autoridad de Cristo, nuestro pastor y padre espiritual. Por eso el cristiano dice: ‘Cristo me apacienta a través del Papa’; y por eso Cristo dijo: “El que reciba al que yo envíe a mí me recibe” (Jn 13,20).

A cada Papa, en cuanto sucesor de Pedro, Cristo le está diciendo: “¡Simón, Simón! Mira que Satanás ha pedido permiso para sacudirlos a ustedes como trigo que se limpia; pero yo he rogado por ti para que tu fe no se venga abajo. Y tú, cuando hayas vuelto, tendrás que fortalecer a tus hermanos” (Lc 22,31-32). En la barca de Pedro la Iglesia ha superado y superará toda clase de tormentas provocadas por las fuerzas del mal. Allí está Cristo para decirle al mar: ¡Cállate, cálmate! ¡El viento se apacigua y sigue una gran calma! (cf. Mc 4,39).

Falsos pastores y profetas desvirtúan Mt 16,17-19.

(125) Una venda en los ojos llevan quienes los siguen. Este versículo lo tuercen manipulando el idioma griego, lengua en la cual fue escrito el Evangelio de Mateo, y dicen que en ese idioma se dice ‘PETRUS’ para ‘piedra pequeñita’, y ‘PETRA’ para ‘piedra grande’. Señalan que cuando Jesús fundó la Iglesia no se refirió y no lo hizo sobre la piedra chiquita (Pedro), sino sobre sí mismo – ‘piedra grande’, apelando para ello del pasaje que dice: “Nadie puede cambiar la base; ya está puesta, y es Cristo Jesús” (1Co 3,11).

Un artificio rebuscado para hacer creer que Cristo no edificó la Iglesia sobre Pedro sino sobre Él mismo; para decir que mientras los católicos construyen su fe sobre Pedro y los Papas, ellos lo hacen directamente sobre Jesucristo y que por eso ellos sí son cristianos mientras que los católicos no lo son; en fin, para ellos decir después, que es falso que Cristo fundó a la Iglesia Católica.

Cualquier examen de gramática y sintaxis deja al descubierto la maniobra que usan para justificar las propias iglesias que ‘a nombre de Cristo’ ellos mismos ‘fundan’. Es esta la interpretación correcta de dicho pasaje bíblico: en Mt 16,17-19 ya no está Jesús hablando sobre sí mismo, sino que está declarando la identidad y la misión que le está asignando, en adelante, a Pedro. En ese pasaje, los versículos que aluden a Jesús van del 13 al 16, y del 17 al 19, de modo explícito, aluden a Pedro; como diciendo: ¡Pedro, tú me confesaste quien soy; ahora yo te confieso a ti quien eres!

Se presenta esa diferencia en griego [”Petrus” – “petra”] porque en ese idioma la palabra ‘PETRA’ es femenino, entonces Jesús no le podía decir a Pedro ‘PETRA’, porque Pedro es varón. Por eso, el texto griego utiliza el masculino ‘PETRUS’, para aludir al nombre de Pedro, y usa el femenino ‘PETRA’, para indicar que sobre la persona de Simón Pedro Jesús decide establecer su Iglesia.

Lo que muchos desconocen, pretenden tapar, no toman en cuenta o no le dicen a sus seguidores, es esto: aunque el Evangelio de Mateo fue escrito en griego, Jesús no hablaba el griego y no habló en griego con Pedro en ese momento. ÉL habló siempre en arameo, y en esa lengua la palabra para PIEDRA es CEFAS o ‘CEFA’, sin importar el tamaño que la piedra tenga. Así le dijo Jesús a Pedro: “Tú eres ‘CEFAS’ y sobre esta ‘CEFAS’ edificaré mi Iglesia”, y prueba de esto es que en Jn 1,42 lo corrobora con contundencia: “Tú te llamarás Cefas, que quiere decir, “Piedra”. Pablo, en sus cartas, le decía CEFÁS a Pedro: 1Cor 1,12; 9, 5; Ga 1,17-18; 2, 9.11.14.

Un dato histórico que confirma el primado de Pedro.

(126) En el año 95 del siglo primero, la comunidad cristiana de Corinto acude a Roma para que el Papa Clemente (4to Papa) intervenga por un conflicto allí presentado; y, por una carta enviada por este Papa mediante un representante suyo autorizado (primer Nuncio de la Iglesia), el problema se soluciona[2]. Llama poderosamente la atención que en lugar de pedir la intervención del Apóstol Juan, quien se encontraba cerca en Éfeso en la misma Grecia, lo hacen con el Obispo de Roma que estaba mucho más lejos.

Esto evidencia que para esta fecha el Obispo de Roma ya ejercía autoridad sobre toda la Iglesia de Cristo, incluso sobre el apóstol Juan que aún estaba vivo.. La sucesión ininterrumpida de 266 períodos papales desde el apóstol Pedro hasta el actual Papa Francisco, confirma el eslabón directo entre el primado del Papa y el establecimiento que Cristo hace de su Iglesia en Mt 16,17-19.

A veces preguntan: ¿Dónde sale en la Biblia la palabra Papa?

(127) El término ‘Papa’ deriva del griego ‘papas’ que significa ‘padre’. En griego fueron escritos los evangelios; de modo que, cuando al sucesor de Pedro de decimos ‘Papa’, le estamos diciendo ‘padre’; y esto está plenamente sustentado en la Biblia (Ver: GB, N° 120. 122-123).

Dicen algunos: ‘Con Cristo es suficiente; eso del Papa está de sobra’.

(128) Para salvarnos hay que ir a Cristo, pero hay que pasar por Pedro. Lo segundo es tan verdad como lo primero. Por eso Cristo dijo: “el que reciba al que yo envíe a mí me recibe…” (Jn 13,20). Es verdad que Cristo es la única Puerta que nos puede salvar, y eso Él lo anunció en Jn 10,7.9; pero la Biblia no se debe leer tapando o arreglando versículos para acomodarnos un Cristo a nuestra conveniencia.

La Puerta a pasar para salvarnos nunca está sola. Cristo no está sólo. Los falsos pastores le presentan a sus seguidores un Cristo solo, una Puerta sola. Pero ese es un evangelio diferente inventado por ellos; uno nuevo que ellos traen: ‘¡el evangelio según san yo!’. Anatema, con esas doctrinas (cf. Gal 1,6-9).

Vayamos a la Biblia y revisemos Jn 10,3 y los dos versículos previos detenidamente: la puerta tiene un portero al frente, un cuidador. Los falsos pastores desobedeciendo a Cristo, alteran las Escrituras pretendiendo quitar dicho Portero para quedarse sólo con la Puerta; y por eso le dicen a la gente: ¡sólo Cristo es suficiente! Y ellos, para tratar de llevar al cielo a las almas, en realidad, no pasan por la Puerta para no encontrarse con el Portero, sino que tratan de escalar por otro lado. Dicen que a Pedro lo pasan fácilmente; pero no podrán pasar por encima de Jesucristo que seguro les dirá algo así: «Al Portero yo no lo puse de adorno. Pasen con él. Si no están con él no tienen parte conmigo, pues yo le di las llaves de la Puerta y  eso ustedes lo sabían muy bien, pues está en Mt 16,19”».

Todo lo que está en las Escrituras sucederá.

(129) “Ellos le dirán: “Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?” Y entonces les declararé: “¡Jamás les conocí; apártense de mí, agentes de iniquidad!” (Mt 7,22-23) “Entren por la entrada estrecha; porque ancha es la entrada y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella; mas ¡qué estrecha la entrada y qué angosto el camino que lleva a la Vida!; y pocos son los que lo encuentran. Guárdense de los falsos profetas, que vienen a vosotros con disfraces de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces” (Mt 7,13-15). ¡Y es que angosta o estrecha es la entrada, porque allí está un Portero que dice quién pasa y quién no! Por eso es que en Jn 10,1 dice: “ellos son ladrones y bandidos que no pasan por la Puerta a buscar ovejas sino que brincan por otro lado”. ¿Por qué será? Es que no pueden eliminar al Portero que tiene las llaves del Reino de los Cielos, porque no pueden quitar de la Biblia Jn 10,3. ¡No podrán jamás borrar las palabras de Cristo!

¿Alguna duda respecto al Portero en Jn 10,3?

(130) En ese versículo algunas traducciones bíblicas, en lugar del término ‘portero’, colocan la palabra ‘cuidador’; pero, al fin y al cabo, está claro que allí está revelado que hay un ‘portero’ o ‘cuidador’ en la Puerta.

Pero, ahora surge una incógnita a resolver; y es que el Portero no puede ser la misma Puerta, o viceversa. Nunca un portero es la puerta y nunca una puerta es el portero. Los porteros tienen por oficio y responsabilidad tener las llaves de la puerta que se les encomienda vigilar y controlar, o decidir quiénes son los que pasan por esa puerta según las órdenes y la autorización que haya recibido de su superior. Ya sabemos que la Puerta es Cristo; pero entonces, nos queda la pregunta:

¿Quién es ese ‘portero’ o ‘cuidador’ que aparece en Jn 10,3?

(131) El lugar para encontrar la respuesta está en la misma Biblia, en Mt 16,19. Sólo al apóstol Pedro Cristo le dio las llaves de la única Puerta de entrada al Reino de los cielos (Jesucristo), y no puede ser que la Puerta sea para siempre y que el portero haya sido sólo por unos años hasta la muerte de Pedro. Era necesario nombrarle siempre un Portero sucesor (cf. Hch 1,15-26; Sal 109,8) (Ver: GB, N° 114).

Prefigurado en Ex 18,24-26, así como Moisés designó jefes de mil, de cien, de cincuenta y de diez, y ellos atendían al pueblo en forma habitual para arreglar los problemas de menor importancia, mientras a Moisés le llevaban los asuntos más delicados; así, el pastor designado por Cristo para apacentar todas sus ovejas, debía siempre proveer al rebaño de buenos y legítimos pastores (cf. Hch 13,2-3; 1Tim 4,14; Ti 1,4-5).

Con ese portero se tuvo que ir a presentar el gran Pablo para certificar y legitimar su ministerio como pastor de Cristo y apóstol de los gentiles (cf. Ga 1,11-12; 2,1-9), dando así un elocuente ejemplo de humildad y obediencia a Cristo a todos quienes hoy se presentan ante la gente como pastores cristianos.

No existen pastores y sacerdotes. Existen pastores y falsos pastores.

(132) Poco y nada ha de preocupar el agrado o el desagrado de quien lea esto; ya que el que predica de parte de Dios está mandado a corresponder a Dios y no a complacer a los hombres. Desde la mente de Dios, no existen pastores y sacerdotes, existen pastores y falsos pastores.

Hay sólo una Iglesia fundada por Cristo, y a los ministros de esta Iglesia, es a quienes Dios ha constituido pastores. Hay infinidad de grupos originados por hombres que insinúan ser iglesias de Cristo, y se hacen llamar a sí mismos pastores sin tener mandato o aprobación alguna de Dios para ello. Usurpan un ministerio que no les ha sido dado. En el Antiguo Testamento, Dios establecía, a través de hombres consagrados a su servicio, los sumos sacerdotes que le representarían ante el pueblo. De este mismo modo procedía la Nueva Jerusalén, la Iglesia de Cristo desde sus inicios: 1Tim 5,22; 2Tim 1,6.

Que grave el error de un representante de la jerarquía eclesiástica católica que le otorgue el título de pastor a un falso pastor. Si lo reconoce públicamente como pastor, ¿acaso no está legitimando y avalando como verdadera una falsa iglesia? Si a quien se hace llamar pastor lo reconocen como tal, entonces… ¿cuál será el «no pastor», el «falso pastor»? ¿serán entonces los sacerdotes y obispos de la Iglesia Católica los falsos pastores y aquellos otros los verdaderos? ¿Cuál será el miedo que le entró a la sucesión apostólica y a todos los católicos de llamar falso pastor al que es falso pastor, y de enseñar a las ovejas quiénes son los pastores del rebaño de Cristo y qué es lo que se requiere y se necesita para ser un pastor legítimo? A una oveja raptada en una iglesia falsa, para engañarla, el demonio le podría decir…: «Puedes venir para acá a rendirle culto a Dios, no hay problema. Tú mismo has oído a los dirigentes de la Iglesia que Cristo fundó que llaman pastor al que dirige este lugar de culto».

Ha sido costumbre iniciada y asumida por hombres que, en muchos lugares, a los ministros de la Iglesia Católica los llamen sacerdotes o ‘curas’; mientras que a los dirigentes de cultos ‘no católicos’ les llamen pastores. Debemos ser muy claros en esto: Cristo no está dividido; y no iba a ser el Espíritu Santo, el responsable de dividir a los cristianos y de adversarlos, de crear cismas, de romper la unidad del rebaño de Cristo; y, al mismo tiempo, consagrar como verdaderos e iguales ante los ojos de Dios, a los de un lado como a los del otro. Es anti evangélico y anticristiano llamar pastores a quienes propician estas rupturas y arrastran a otros a apoyar sus pecados divisionistas.

En la Iglesia Católica no se usa el nombre de pastores, no porque no lo sean, sino porque ya desde los primeros cristianos, este ministerio se ejerce de acuerdo al grado o al orden de jerarquía que representan para el pastoreo del pueblo de Dios. Cualquiera que examine los libros del Nuevo Testamento podrá corroborar que, en lugar de pastores, a los ministros de la Iglesia de Cristo se les llamaba de acuerdo al ministerio que ejercían dentro de la Iglesia: Obispos, presbíteros y diáconos: Hch 20,28; Flp 1,1; 1Tim 3,1.8; 5,17; Ti 1,7.

¿Están con Cristo todos los que predican y actúan en su nombre?

(133) Muchos sienten confusión cuando leen estos pasajes en la Biblia: “El que no está contra NOSOTROS está con NOSOTROS” (Mc 9,38-40). Y también este: “Tomando Juan la palabra, dijo: “Maestro, hemos visto a uno que hacía uso de tu nombre para echar fuera demonios, y le dijimos que no lo hiciera, pues no te sigue junto a nosotros.” Pero Jesús le dijo: “No se lo impidan, pues EL QUE NO ESTÁ CONTRA USTEDES ESTÁ CON USTEDES (Lc 9,49-50). Profundicemos ambos pasajes:

En ninguna de las dos citas bíblicas Jesucristo dijo: “El que no está contra MÍ, está conmigo”; Él utiliza el plural “nosotros”; “ustedes”; está hablando, en consecuencia, de su Cuerpo: la Iglesia. La comunión con Cristo pasa por la comunión con su Iglesia; o, al revés, sin la comunión con su Iglesia no hay comunión con Cristo. ¿Cómo pueden algunos hermanos decir que recibieron a Cristo cuando tan ferozmente blasfeman y calumnian contra el Cuerpo de Cristo, la Iglesia que fundó?

¿A quién refieren entonces? A la comunión en la diversidad que habita en la Iglesia de Cristo. La Iglesia es un jardín con flores de diversas especies, tamaños, formas y colores; pero todas son, al fin, flores que embellecen un mismo jardín en torno a un mismo suelo que las une: Pedro y los demás apóstoles en sus sucesores (cf. Ef 2,20), y un sólo Señor y dueño de todo el Jardín: Jesucristo. Estamos hablando de congregaciones, institutos, carismas, movimientos y fuerzas que el Espíritu Santo suscita y que hacen vida en la misma Iglesia, sin que vayan juntas a todos lados a hacer su trabajo para Cristo: Jesuitas, Franciscanos, Salesianos, Dominicos, Opus Dei, Cursillos de Cristiandad, Legión de María, Renovación Carismática, Neo catecúmenos.


[1] SAN LEON MÁGNO, papa; “El especial servicio de nuestro ministerio”, Sermón 4,1-2: PL54,148-149; en «Liturgia de las Horas», Oficio de Lectura, día 25 nov.

[2] Cf. CLEMENTE de Roma, “Carta a los Corintios”, en «www.clie.es», <http://escrituras.tripod.com/Textos/EpClemente1. htm>, (Ingreso: 27-07-2015).


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HF-VIDEO / La Iglesia que Cristo fundó y el Papa

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