Apologética y ecumenismo; ambos necesarios

19-. ¿La línea de Hospitalitos de la Fe es el ecumenismo o la apologética?

a. Ambos brazos son necesarios para el gran desafío que actualmente la Iglesia debe atender: reconstruir la Casa de Dios (Ag 1,3-11). Entendemos por ecumenismo todo esfuerzo dirigido a lograr, mediante el diálogo, la unidad entre los cristianos[1]; y, por apologética, el dar razón de nuestra esperanza en Cristo, como cristianos católicos, ante quienes nos lo pidan o ante quienes nos adversan (cf. 1Pe 3,15-16).

b. En línea con las disposiciones del Magisterio de la Iglesia[2], y para Hospitalitos de la Fe, desarrollamos una labor misionera en la que el pueblo de Dios, desde los mismos ambientes donde viven las personas, es protagonista y multiplicador del diálogo ecuménico con hermanos de otros credos y religiones. El ecumenismo requiere preparación y participación laical; y aquí se ofrece un programa para ello.

c. Trabajamos con la Apologética y, a la vez, nos alejamos de malgastar nuestras energías tomándola como guantes de boxeo; ya que, en lugar de usarla para buscar a quienes adversan a la Iglesia, la llevamos como un botiquín de primeros auxilios y de buenas noticias para los mismos católicos y para quienes fuera de la Iglesia buscan, con sincero corazón, la verdad. Con la apologética distribuimos los tesoros de nuestra fe por los pasillos internos de la Iglesia Católica. Esto permite la popularización y el crecimiento del mismo Ecumenismo, en condiciones donde el pueblo pueda medirse en diálogo y favorablemente ante nuestros hermanos esperados.

d. Este libro lleva las herramientas para abrir a todo el pueblo la participación en el ecumenismo. Sin la apologética, ante el proselitismo de los grupos protestantes, en lugar de poder hacer ecumenismo sale con traumatismos; e incluso, con la muerte de lo poco que le queda de comunión con su Iglesia madre[3].

e. Y es que lo difícil del diálogo ecuménico se debe más a la ignorancia del católico respecto a su propia fe que a la cerrazón de los hermanos que adversan la Iglesia.

f. Se nos ve en muchísimos lugares con una sola mano, con el Ecumenismo, atendiendo la creciente deserción de católicos y la división de los cristianos; y aún siguen, de modo alarmante, los elevados índices de hermanos abandonando la fe de la Iglesia y yéndose a otros credos y religiones. El ecumenismo sólo, sin apologética, es un riesgo de muchos peligros. Esto lo advirtió oportunamente la Iglesia en el Concilio Plenario de Venezuela, cuando dijo: “debemos reparar las propias deficiencias, sin repararlas estamos incapacitados incluso para el ecumenismo”[4].

g. El Papa San Juan Pablo II, hablando del ecumenismo, llamó a estar atentos ante la “presencia de sectas cristianas y pseudo cristianas que siembran confusión con su acción, y cuya expansión constituye una amenaza para la Iglesia Católica…”[5] Hace hincapié en que, “donde sea posible y según las circunstancias locales, la respuesta de los cristianos deberá ser también ecuménica”. Hoy la experiencia va dando nuevas luces; nos va diciendo que una persona bien formada en apologética podrá dar abundantes frutos ecuménicos.

h. ¿Y en cuanto a otras religiones?  “Ante todo, queremos poner ahora de relieve que ni el respeto ni la estima hacia estas religiones, ni la complejidad de las cuestiones planteadas implican para la Iglesia una invitación a silenciar ante los no cristianos el anuncio de Jesucristo. Al contrario, la Iglesia piensa que estas multitudes tienen derecho a conocer la riqueza del misterio de Cristo (76), dentro del cual creemos que toda la humanidad puede encontrar, con insospechada plenitud, todo lo que busca a tientas acerca de Dios, del hombre y de su destino, de la vida y de la muerte, de la verdad[6]

20-. Ecumenismo y apologética; dos brazos inseparables:

a. El Ecumenismo no puede ir solo al encuentro de los hermanos esperados, ignorando y dejando de lado a su hermana Apologética. Ambas deben ir de la mano para responder a los planteamientos de quienes adversan de la Iglesia Católica. Las herramientas del Ecumenismo son necesarias, pero insuficientes.

b. El Ecumenismo, solo, es como un remedio con el que se llega después de avanzada la enfermedad. A muchos no levanta de la muerte espiritual; ya que son muchísimos los hermanos esperados que frontalmente lo rechazan. Podríamos decir que sin Apologética no hay posibilidad de un verdadero Ecumenismo. El Ecumenismo es un camino muy noble, muy necesario; pero le queda muy lejos al pueblo de a pie. Para andar por ese camino se encuentra incapacitado y en desventaja la inmensa mayoría de los católicos que están todos los días sufriendo y padeciendo el asedio de muchas novedades religiosas que crecen al margen de la fe católica.

c. Se ha subestimado la situación, y muchos actúan con desprecio hacia la Apologética. Sin ánimos de herir susceptibilidades, pero con el sólo Ecumenismo se está llegando muy tarde a una situación que francamente se le está yendo de las manos a los mismos católicos más comprometidos dentro la Iglesia. Mientras los depredadores trabajan maltratando y devorando a las ovejas, los pastores duermen. Hay graves signos de ambigüedad ante el proselitismo y el enorme mercado de nuevas doctrinas que seducen y arrastran a la población católica.


[1]Cf. PABLO VI, “Unitatis Redintegratio”, Sobre el Ecumenismo, 4; en <http://www.vatican.va>, (Ingreso: 10-03-2016).
[2]Cf. DOCUMENTO DE APARECIDA, n. 99 ‘g’.
[3] Cf. Documento de APARECIDA, n. 100 ‘g’.
[4]CPV, “Ecumenismo y diálogo interreligioso”, 35 y 35. Ver también: <https://www.youtube.com/watch?v=8pfBk ZcWmB0>,
[5] JUAN PABLO II, Redemptoris Missio, 50.
[6]PABLO VI, “Evangelii Nuntiandi”,53.

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