Santísima Trinidad: tres personas distintas; un sólo Dios.

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Pbro. Héctor Pernía, mfc

Tres personas no son igual a tres dioses.

(49) Es un solo Dios porque cada uno está y permanece en el otro; así como la raíz está unida al tronco y éste a las ramas, y viceversa; los tres son una misma planta, un todo (cf. Jn 8,19; 14,20; 17,10).

Jesucristo reveló que el Padre y Él son personas que dan testimonio (cf. Jn 8,17-18). Y siendo que El Espíritu Santo da testimonio de Cristo (cf. Jn 15,26), entonces también el Espíritu Santo es persona.

Él mandó a bautizar en nombre de la Trinidad; y, si no fueran distintas personas, no las hubiese presentado por separado. Hubiera dicho, tal vez, solamente: ‘En el nombre del Padre…’, o ’… en el nombre del Padre y del Hijo’, nada más. O sólo hubiera dicho: ‘… En el nombre de Dios’. Allí Jesús nos está enseñando que Dios es: Padre, Hijo y Espíritu Santo (cf. Mt 28,18-20).

“¿Cuán grave lo que le espera a quien se atreva a pisotear al Hijo de Dios, dejando como profana la sangre de su sacrificio redentor, y quien ultraje al Espíritu de la Gracia? ¡Es terrible caer en las manos del Dios vivo!” (Hb 10, 29-31).

En el Antiguo Testamento:

(50) Presta atención, en estos pasajes, a la forma plural y, a la vez, singular, de Dios manifestarse:

‘’Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza’ (Gn 1,26). No dijo: ‘hago al hombre a mi imagen y semejanza’.

Bajemos, pues, y una vez allí, confundamos su lenguaje” (Gn 11,7).

‘Y dijo Yahveh Dios: ¡He aquí que el hombre ha venido a ser como uno de nosotros…!’ (Gn 3,22).

Dios se le presenta a Abraham y a su esposa así: un solo Señor en tres personas distintas (Gn 18,1-24).

Dijo el Señor: “¿A quién enviaré? ¿Y quién irá de parte nuestra?”(Is 6,8).

Movido por el Espíritu Santo (cf. Mc 12, 35-37), David dijo: Palabra del Señor [El Padre] a mi señor [al Hijo]: “¡Siéntate a mi derecha y ve cómo hago de tus enemigos la tarima de tus pies!”(Sal 110,1)

En el Nuevo Testamento:

(51) Cristo revela que él estaba allí presente en ese ‘nosotros’ de Dios: “Glorifícame junto a ti, Padre, con la gloria que tenía a tu lado antes que el mundo fuese” (Jn 17,5).

Nosotros accedemos al Padre gracias a Cristo y en un mismo Espíritu (cf. Ef 2, 18).

El Padre nos crea, el Hijo nos redime y el Espíritu Santo nos santifica (cf. 1Pe 1,2).

El Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo (cf. Mt 3,16-17; Jn 16,15; 20,22).

Tres personas, siempre en comunión de amor: Dios Padre, por obra del Espíritu Santo, engendró a su Hijo. En los tres está presente la divinidad (cf. Lc 1,34-35; 10, 21).

Cristo recibió del Padre el Espíritu Santo prometido, es exaltado a la diestra de Dios; y los tres reciben una misma adoración y gloria (cf. Hch 2,32; Mt 3,16-17; Jn 16,15).

El Espíritu Santo da gloria a Cristo (cf. Jn 16,14); y la gloria se le da a Dios. Por lo tanto: Cristo es Dios. Y Cristo reveló que el Espíritu Santo es también Paráclito del Padre (cf. Jn 14,16.26); lo que equivale a reconocer, que también el Espíritu Santo es glorificado; es decir, es Dios.

Los primeros cristianos se saludaban y daban bendiciones en nombre de la Trinidad (cf. 2Cor 13,13).

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